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Navegante que mira al futuro

Navegante que mira al futuro

Sobre la rambla República del Perú, frente a Kibón, la monótona fisonomía de los edificios que miran al mar hace un salto. La fachada del edificio Arcadia, con su vela de barco o quilla vertical y cristales color oro hace un aporte estético y conceptual como una clara muestra de la arquitectura actual. Tiene el inconfundible carácter del arquitecto uruguayo Carlos Ott quien, en colaboración con el estudio Rener, proyectó este edificio de alta categoría que puede considerarse entre los tres más exclusivos de Montevideo.

En 2005, el ESTUDIO DE ARQUITECTURA RENER adquirió uno de los últimos terrenos aptos para hacer edificios que quedaban en la primera línea frente al mar en Pocitos Nuevo. Donde hasta ese momento había una casona, se comenzó a proyectar la construcción de un edificio de 12 pisos dividido en dos torres independientes con un apartamento por nivel. El arquitecto Ott se contactó con el arquitecto Zelman Rener, fundador del estudio que lleva su nombre y en el que trabajan sus cuatro hijos. “Nos reunimos, hablamos y me planteó una serie de circunstancias que le interesaban. Hacía tiempo que no trabajaba en Montevideo, trabajaba más afuera y en Punta del Este. Como era de los últimos terrenos que quedaban en la rambla, quería figurar en alguno. Y creo que desde el punto de vista de imagen era importante”, contó Rener padre a galería.

El proyecto se trabajó de forma conjunta entre Ott y el estudio Rener —básicamente Zelman y su hija, la arquitecta Raquel, quienes están a cargo de la parte de proyecto del estudio—. Mientras que los Rener defi nían el programa que querían hacer —una vivienda de categoría, de ambientes amplios, con muchos servicios—, Ott contribuyó en lo relativo a la imagen. Su particular fachada se distingue por su curvatura y una pieza que puede pensarse como una quilla vertical o una vela de barco, un rasgo muy moderno, sin más inspiración que la de romper con la línea horizontal de los edifi cios de la rambla. El color oro de los cristales también es un recurso que Ott ha usado en otras de sus obras, como el edificio del Zurich Bank en Buenos Aires.

La experiencia y la cabeza más internacional del arquitecto de la Torre de las Telecomunicaciones confluyó con el espíritu local del estudio Rener. Ott quería una cocina integrada, pero los Rener opinaban que no era un aspecto muy normal para un apartamento de estas características según las costumbres uruguayas. En eso ganaron los locales. Los apartamentos de 325 metros cuadrados tienen una amplia recepción, living, comedor y estar sin divisiones que vinculan el frente con el fondo. Pero la cocina finalmente quedó del otro lado de la puerta. El apartamento se completa con tres dormitorios (con opción a un cuarto) y servicio.

La siguiente la ganó Ott, quien proponía dejar los garajes a la vista, ubicados detrás de una puerta de vidrio del hall de entrada. “No es tradicional. Se buscó hacer un garaje lindo, con un piso prolijo, con una iluminación adecuada como alternativa para el pasaje al salón de fiestas a la de un corredor largo y aburrido. Al principio nos chocó un poco pero después refl exionando nos pareció más atractiva esa forma”, contó Raquel Rener. En el garaje corresponden tres lugares y una baulera para cada unidad.

Gran parte de los materiales utilizados para la construcción del edificio fueron traídos del exterior. La fabrica estadounidense que realizó la curtain wall (vidrios de la fachada) solicitó información específica sobre la intensidad del viento y el impacto del sol en el lugar donde serían instalados para evitar cualquier tipo de accidente. El mármol usado en el hall de entrada es del tipo Calacatta y fue traído de Italia. Viene cortado de una forma especial para que se continúe el dibujo de la veta. Los pisos de los apartamentos son de roble de Eslavonia (Croacia), una madera de color claro colocada de forma específica para que no se modifi que con la humedad ambiente. “Esto le dio mucho más luminosidad” al espacio, comentó Raquel Rener.

El edificio Arcadia tiene piscina climatizada, área de relax y masajes, sala de musculación, saunas, duchas escocesas, parrillero abierto en un jardín interior, salón de fiestas y área con juegos para niños. Los gastos comunes de las dos torres (portería, vigilancia, mantenimiento, luz, garajes, servicios, seguros) son compartidos, por lo que en los meses de verano se paga entre 10.000 y 12.000 pesos y en invierno pueden alcanzar los 17.000 pesos.

El precio de estos apartamentos ronda el millón de dólares, excepto el penthouse que puede costar un poco más. La mayoría de los que ya han adquirido una propiedad allí son matrimonios mayores, algunos con hijos grandes. También invirtieron en él altos funcionarios de compañía extranjeras —ellos lo eligen y la empresa lo paga—, uruguayos residentes en el exterior e inversionistas extranjeros. Por las características de un edificio bastante singular, de carácter minimalista que ayuda a que trascienda en el tiempo y no quede fuera de moda en diez años, se espera que su valor aumente con los años.

Hacer un edificio como Arcadia en Montevideo puede sonar arriesgado. No obstante, los Rener aseguran que en el momento que se hizo el proyecto faltaba en el mercado un edificio para satisfacer a los niveles más altos de la sociedad. “El mercado es pequeño, sólo tres millones de personas, de los cuales entre 5% y 10% tienen alto poder adquisitivo. Si tomamos 5%, son 150.000 personas, o sea que son 24 unidades para 150.000 personas”, reflexionó Zelman Rener sobre las posibilidades que existían en el mercado uruguayo para albergar un edificio de estas características.

Fuente: Revista Galería – Semanario Búsqueda – Martes 10 de agosto de 2010

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